Pérez Reverte y las lentejas.

|El género está entre las orejas y no entre las piernas, Chaz Bono|

Ahora vengo, cariño, digo en voz alta. 

Dejo la loza a medias, con las manos mojadas aún y casi enjabonadas, soy hombre y a los hombres suele importarnos muy poco ese detalle o acabar secándolas en las perneras. Fregaba mientras veía entrevistas en Youtube de escritores y no pude menos que sentirme culpable. 

Cruzo el patio en calcetines (otra mala costumbre), hace un frío del carajo y los gatos ni me reciben. Al otro lado del invierno está mi cueva, un pequeño cuarto donde acumulo  libros por los estantes, libros por el suelo, en cajas, un libro gigante, en pedestales e incluso donde quiero extraerlos de mi mente y hacerlos libros. Más libros.

El problema

Pero he aquí el problema, tengo alineados nada más y nada menos que trece libros de Arturo Pérez Reverte y ocho de Javier Marías, porque han sido y son autores de referencia para mí (cada uno en su estilo) y que de un tiempo a esta parte tengo en la nevera, como a los árbitros cuando no se percatan de un fuera de juego o como a Murakami, de quién conservo no menos de nueve y el mundo le tiene ojeriza sin haber leído toda su obra, aunque yo eso no lo confesaré.

Y lo digo ahora, con tipografía 16 y en negrita: Leo a Reverte, adoro a Marías

Aunque ahora no se si hacerlo o si al hacerlo debo envolver sus libros en papel de periódico para evitar la censura. Vuelvo a la tarea, acabo de fregar todos los cachivaches, he hecho la cena y preparo la mochila de la niña para el día siguiente. Cada día intento esforzarme por hacer un poco más y más, que si no lo he hecho en alguna ocasión es por una razón muy masculina: mañana también debo fregar platos y sartenes y prefiero fregar el doble de una tirada. 

                                                                                 Gracias Forges, DEP.

Pero seré sincero, me apresuro y rezo para que la niña se duerma y poder leer una veintena de páginas antes de marcharnos a la cama. Estoy enganchado a El guardián invisible, de Dolores Redondo, a juzgar por el nombre claro está es mujer y ha escrito una trilogía negra de éxito, pero poco me importa que sea hombre o mujer, como cuando leo Trafalgar de Reverte, por poner un ejemplo.  No me importa porque Dolores escribe para sus lectores, entendido en el plural admitido, lectores, por lo que supongo que ustedes serán comprensivos y no me harán escribir todos, todas, todes. O al menos no me juzgarán si me ciño al lenguaje y no lo hago.

A lo que iba

Lo leo con ansia y eso que la protagonista, Amaia, es mujer también y eso no concuerda con mi supuesto machismo revertiano o marianego. De hecho gran parte de la historia gira en torno a mujeres. Y yo, que he disfrutado con Marías, disfruto con Dolores, porque su modo de narrar va dirigido a un lector sin definir, un ser dispuesto a pagar por su novela y entretenerse cuanto pueda. Me hace sentir cerca del mundo femenino, mucho, cuando habla de la llegada de la menstruacción de Amaia y en voz queda le dice a su marido dormido, otra vez no cariño. Como lo hacía mi mujer antes de la ansiada llega de nuestra hija, entre lágrimas.

Me acerca al mundo interior femenino porque no habla de la regla en términos sanguinolentos y abstractos, como suelen hacer las poetas feministas que acaban con su obra en Visor, aquella editorial que fue masacrada en las redes por el comentario machista de su editor y señalado como Reverte y Marías. Es curioso, como pequeño editor que soy, gran parte de los poemarios escritos por jóvenes chicas que llegan a mi email tratan de la menstruacción, de la sangre que brota como un hilo que acaba siendo un colibrí, esa sangre sobre la que ahora debemos leer y releer pero que tantas veces se nos ha ocultado visual y verbalmente al hombre y por lo tanto, maleducado.

A mí eso no me importa verlo

He dicho eso muchas veces, pero una pareja u otra me han ocultado el flujo rojo sin negociaciones, aunque si consideras tal hecho de poco interés literario en el 2018 estás en el abismo machista. Pero estoy tranquilo, Dolores me hace sentir en casa, como Maruja Torres y su Diana Dial, como Julia Navarro y su Clara Tannenberg, en casa como con Almudena Grandes e Inés y su alegría. Como mi mujer y mi hija. 

Gracias

Por cada libro que compres a través de los enlaces de esta web (pincha en letras rojas) a un servidor le reporta un pequeño porcentaje. Gracias a eso pude comprar la Thermomix en casa, ese aparato, que debido a mi torpeza a la hora de cocinar ha igualado mucho las cosas en casa. Ahora mismo te hago unas lentejas o un salmorejo, que de pequeño fui huérfano de padre y las mujeres que me criaron no me enseñaron jamás a cocinar. Eres tan machista como tu padre, me criticaba mi madre si le parecía bien mientras pasaba horas y horas leyendo y ella mientras tanto haciendo la comida y a pesar de lo lejano que quedaba mi padre muerto desde mis siete años. De haber vivido mi padre, demasiado mayor ya en mi nacimiento, habría sido un tipo muy machista. Pero lo sigo siendo criado entre mujeres, lo que tiene aún más delito. Como lo son todos los hombres que conozco, poco o mucho, incluso los que se golpean la pechamen para hablar en favor de las mujeres públicamente.

                                    Mis mujeres en la verdad sobre ser padres

Lo combato, seguramente poco para lo que debiera. Pero en el reconocimiento de tal hecho he adelantado como persona mucho más que gran parte del feminismo, haciendo del 2017 el año de la mujer y legalmente un año inservible, pues en 2018 siguen matándolas al mismo ritmo demoledor y su posición social continúa en clara desventaja. A mi pareja le ofrecieron tres meses más que a mi de permiso por nacimiento y una aportación mensual de 100 euros por ser mujer trabajadora: tal vez sea eso una forma más de machismo. Un placebo, como cuando yo fregaba la loza una vez a la semana y en mi mente colgaba una medalla por las cientos que portaba ella.

Pero tal vez deba sacar a Reverte de la nevera, que al lado del tupper de lentejas no se debe estar demasiado cómodo. A Marías le dejo un ratito más, que en una ocasión esperé horas y horas para que me firmase un libro y cuando lo hizo ni me miró: desagradecido. 

Nada más lejos de la realidad. No soy yo quién para guiar al feminismo ni como hombre trazar un camino para ello: pero sí me niego a la lucha a costa de la caza de brujas. Vayan doscientas mujeres y aniquilen a cada asesino de crímenes machistas, les estaré agradecido. Ya os dije lo que tenéis que hacer…

Y no escribo más, que mi hija me mira desde su silla y hace una hora que debería darle la papilla de frutas. Pero los hombres somos así, más descuidados. Eso sí, cada día su padre combate lentamente su propio machismo educacional y social.

Valeria, de cara a su futuro, lleva mucho adelantado. 

Mario Quintana.

 

Pd: Es curioso, tanto Reverte como Marías han publicado recientemente sus últimas novelas. Ambas con nombre de mujer. 

Pd2: También para mí Gloria Fuertes está sobrevalorada en 2017. Antes tenía su valor. Ha sido un tirón comercial. 

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