La ciudad misteriosa del norte

[Toda la vida de los filósofos es una meditación sobre la muerte, Cicerón]

Desde lo alto del Seminario Mayor de Comillas observamos como un helicóptero se acerca al acantilado, lo sobrevuela mientras algunas personas corren de un lado para otro: acabamos de llegar a una de las ciudades más misteriosas que he conocido.

Bajamos apresurados hasta el lugar donde comienza a aglomerarse la masa de curiosos, el aparato acaba de aterrizar sobre una pista de tenis de un club privado y un tipo de mar habla entre dientes, para nadie, el mar lo va arrastrar, ahí no va a aparecer. 

Fijo la mirada en el oleaje, entre las rocas, esperando ser el primero en encontrar el cadáver. No estaba bien, oigo a un par de mujeres, y hablan de alguna conocida que también decidió perder la vida en el imponente mar del norte.

Algo especial se palpa en la ciudad y no excesivamente en estos días. Comillas es una ciudad al borde del misterio.

No tiene lógica, pienso mientras camino por su calles,un pequeño pueblo cántabro de tradición ballenera y cuna secundaria del gótico barcelonés. No es comprensible que en su casco antiguo figure un edificio del mismísimo Gaudí, El capricho, un edificio de carácter oriental y fuera de lugar, sin duda. 

Desistimos pagar la entrada y continuamos el camino por la pequeña ciudad sin olvidar el carácter tétrico del ambiente. A ciegas, sin más información, no es casualidad que en una de las laderas de Comillas se encuentre un parque Güell, paralelo al parque barcelonés al menos en nombre.

A lo lejos y desafiante, el cementerio de la ciudad, coronado por un inquietante ángel de mármol. Hacia él caminamos, sorprendidos por cada edificio y cada rincón. 

Nos hacemos con algunas postales en un viejo estudio fotográfico. Las imágenes parecen de mediados del siglo pasado, como el escaparate y el señor que nos atiende con amabilidad.

No puedo dejar de maravillarme con el Palacio de Sobrellano y no es para menos.

El primer marqués de Comillas encargó el palacio con la intención de hospedar a su amigo Alfonso XII y construido sobre el terreno que albergaba la humilde hacienda en la cual se crió, mucho antes de ser un triunfante indiano en Cuba. El marqués, Antonio López y López, banquero y filántropo, es uno de los enlaces entre Comillas y el vanguardismo catalán, pues fue esta su tierra de acogida por matrimonio.

El palacio de Sobrellano es el primer edificio de España con luz eléctrica. El mobiliario fue diseñado por Gaudí.

Alfonso XII no llegó a hospedarse en el palacio, aunque sí en la otra hacienda del marqués y que encontramos a nuestro paso, la Casa Ocejo. Conmueve pasar por su esquina y encontrarse ante el lugar donde durmió el monarca.

La luz de Comillas es maravillosa y la tarde cae de manera tétrica. Eso o estamos algo sugestionados por el arte gótico, los suicidios y la estrecha franja entre la ciudad y el enigma. 

No mires a las ventanas

No mires a las ventanas, digo a mi acompañante. Estamos ante la llamada Casa del Duque, imponente palacete colocado sobre el prado de San José y propiedad del Duque de Almodóvar Del Río. Un enclave precioso a la par que terrorífico.

En él se han rodado películas como Sexykiller o La herencia de Valdemar. Ante la verja de entrada, busco en el teléfono los carteles de los filmes y no puedo dejar de atemorizarme ante un lugar así. No mires a las ventanas, me recuerdo.

Aunque no estamos lejos del lugar clave de la ciudad, cae la noche y no debemos demorarnos.

El cementerio de Comillas fue iglesia durante los s.XV y XVI hasta que un grave suceso acabó con el templo. En mitad de un oficio, el pueblo se reveló contra el Duque del Infantado a causa de la asignación de unos asientos. El pueblo decidió no volver a pisar la iglesia, lo que provocó la ira eclesiástica, condenando al pueblo a la excomunión y por lo tanto a no recibir los santos sacramentos en un año: una ciudad de espaldas a Dios.

Un dato más sumado al misterio de la ciudad. Todo un año de muertes no confesadas, al margen de la Iglesia. 

Con el tiempo, el terreno se rehabilitó como cementerio y reformado con estilo gótico a finales del XIX. Entre sus detalles, destaca el imponente Ángel Exterminador, una aterradora escultura que reina sobre la ciudad, recordando un pasado convulso. 

Caminamos por sus callejuelas algo atemorizados, sobretodo teniendo en cuenta que toda una fachada está repleta de nichos infantiles, lápidas con epitafios escabrosos como tal día subió a las nubes…

Estas, las nubes, se arremolinan sobre la ciudad y nos acompañan hasta el coche. Hemos caminado sin miramientos, extasiados por la historia y la arquitectura de un lugar especial.

Datos de interés.

 

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Fotografías y texto de Mario Quintana. Queda terminantemente prohibida su copia, apropiación y uso sin el debido permiso del autor y LaSelvaDentro. Los productos comprados a través de los enlaces de La Selva Dentro, en su mayoría, pueden revertir un pequeño porcentaje a la propia web. Por supuesto, gracias. 

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