Anecdotario viajero (II): Sospechoso en la cuna de Narcos

 [Nadie tiene en Colombia la autoridad de cerrar con candado el camino hacia La Paz, Ingrid Betancourt]

Me faltan unos kilómetros para llegar al aeropuerto, me siento en la barra de un bar de carreteras y se abre la puerta. El tipo se sienta a mi lado, junto a otros dos, serios.

El camino a Colombia

Hombre Guillermo. Así me nace hablarle al presidente extremeño, sentado a mi lado. Es un tipo cercano, cruzo unas palabras con él mientras agotamos nuestros cafés, Pues voy a Colombia con la consejería de Cultura, le digo, ¿Usted no viene? Niega, unos asuntos importantes en Madrid.  Hace apenas tres semanas que he sido invitado a la Fiesta del Libro de Medellín, donde además de ofrecer una conferencia, represento junto a un gran número de extremeños al hermanamiento entre las dos ciudades de mismo nombre.   

Al atro lado del río

El vuelo se hace eterno, aunque alejado de mis temores, el vuelo es un sin fin de comidas incluidas y películas. Bogotá es una inmensidad de tejados, me recuerda a Atenas, una gran llanura de casas e historias. Pero ahí no acaba la aventura, pues rápido embarco en un viejo avión de LAM rumbo a Medellín.         Bogotá, desde al avión.

Me sorprende el mar de nubes colombiano y la aproximación al aeropuerto de Rio Negro, José María Cordova. Sobrevolamos las montañas donde en un meses se estrellaría el famoso AvroRJ85 del Chapecoense. El otro aeropuerto, más cercano a la ciudad, fue testigo de la muerte de Carlos Gardel.  El enlace con la Fiesta se retrasa, no tengo conexión a internet y la noche avanza. No tarda en aparecer un taxi que comparto con otra escritora y su marido. El recorrido es una odisea automovilística en la que aprovecho para interrogar al chofer sobre el camino hacia la paz: me mira serio, he tocado hueso. —La paz no puedo darse a cualquier precio.

Hotel Poblado Alejandría

Un tipo uniformado como seguridad nos recibe con un revolver inmenso y cromado al cinto. Revisa las maletas, en una llevo algo de ropa y la otra va repleta de libros. Es la primera vez que llego a un hotel y me siento un criminal en potencia.  Todo tiene su lógica: Medellín fue la cuna del cartel del sanguinario Escobar y una de las ciudades más castigadas por los sicarios y que ahora nos llega en a España en forma de serial con Narcos y todo su merchandaising. 

Medellín, encantas

Curioso, los dos lugares del mundo en los que me sentí bastante seguro lejos de las advertencias fueron Marruecos (ya hablé de ello en Tiempos de paz) y la propia Medellín. Además de leer hasta altas horas de la madrugada y recorrer los pasillos del hotel huyendo del jetlag, mis jornadas transcurren de 9am a 22pm en la Fiesta del Libro, una maravilla literaria en mitad del parque botánico de la ciudad.  Desestimo volver al hotel a comer, por lo que me adentro en la ciudad muy a pesar de las advertencias: llevo dos mil euros en material fotográfico en mi pequeña mochila.  Una de las delicias del país es el café, suave y sabroso. Por apenas 0,70euros puedes encontrarlo en cualquier cafetería, aunque en mitad de la calle te lo venderán por apenas 0,30. Evito las frutas y refrescos callejeros, por aquello de las diarreas.  Igualmente comer es una delicia y aun precio muy bajo. 

La grandiosa Fiesta del Libro de Medellín me permite charlar a uno de los editores y amigos de García Márquez, aunque nada dijo de la verdadera historia de su relación. 

Terremoto 5.6

Sobre Medellín, la noche cae como una niebla pesada de oscuridad salpicada de bombillas. Nada es luz, nada es sombra. Camino hacia la vagoneta que nos devuelve cada día al hotel, en la radio proclaman un partido de Nacional. 

Espero al escritor y también editor Eduardo Moga, es un tipo alto y por lo tanto pesado, por lo que la pequeña furgoneta se remueve sobre sus ejes. Mucho. Nuestra acompañante en la feria, Kelly, sujeta un celular y dice algo así como Ey tiembla, tiembla. Poco falta para que le diga vibra, los nuestros vibran, pero rápido confirma lo que no esperábamos: ni Eduardo era tan pesado ni el lenguaje tan variado, acabamos de sentir un temblor que según confirma el locutor deportivo llega a magnitud 5.1. No llevo encima aquella guía de Cómo sobrevivir a un terremoto y poder contarlo (sí, este tipo de cosas existen).

Una gran tormenta comienza a precipitarse sobre la ciudad, el aeropuerto está desbordado, si continúa así nos va a costar regresar a España en unas horas.

Libros sospechosos

No preguntéis, pero sin pretenderlo, cuatro libros con una edición limitada y enorme peso acaban en mi potestad. Por una razón u otra, no han podido ser entregados a la institución colombiana para la que estaban destinados y me encargan devolverlos a la Junta de Extremadura: nunca se decir que no. El chofer que me traslada al aeropuerto no me causa demasiada confianza. Me das uno de esos, me dice dirigiéndose a los libros. Salgo del apuro como puedo, elogiando al pueblo colombiano y encogiéndome en el asiento cada vez que se encara a grandes vehículos con todas las lunas opacas. 

     Aeropuerto José María Cordova, Medellín.

Viajar solo a 8000km de casa ha sido una experiencia única, pero toca volver. Al llegar al aeropuerto de Bogotá, la bolsa con los libros extraordinarios llama la atención de la seguridad militar. Cada libro está introducido en una especie de caja: qué lujo para un pase de drogas.  Me indican que debo dejar paso y abrir uno de ellos. No encontrar nada no los deja del todo contentos y me hacen volver a pasar bajo el arco de seguridad. Si te lo digo no te lo vas a creer, le digo, pero estos libros eran para la ministra de cultura de tu país. —Sí, ya ¿Qué es eso? El amigo me señala a la solapa. Me quito la chapa con el logo de mi editorial y se la pongo en la solapa del uniforme militar. No tardo en formar un revuelo y tengo que sacar algunas más. 

     Aeropuerto El Dorado, Bogotá.

Viaja todo lo que puedas

Cuando supe de mi invitación para representar a mi tierra (cuna de conquistadores) en la increíble Colombia y además en un momento histórico como era el cese de la guerrilla con las FARC, me cuadré ante mi jefe y le dije: coge ese periódico, viene mi nombre como parte de la expedición y me voy a Colombia cuatro días. Sí, abandonar el trabajo, recorrer más de 8000km, soportar el jetlag, volver y trabajar. Ser o no un auténtico viajero y amar lo que haces

 

Booking.com

EXTRA

Para el largo viaje debía sentirme acompañado, por lo que cargué El hombre de las dos patrias

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A propósito del viaje, Susana Martín Gijón, se inspiró para escribir una de sus geniales novelas negras:

Eduardo Moga, sobreviviente del terremoto, es un gran escritor de libros de viajes. Uno de mis preferidos es la recopilación de sus post durante su estancia en Londres:  

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La primera entrega de anecdotario viajero.

Cómo me infiltré en una base aérea del ejercito.

El mejor lugar del mundo.

La ciudad misteriosa del norte. 

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